Domingo 21 de Junio de 2026.
Todos nosotros, en el fondo, anhelamos estar sanos y mantenernos jóvenes.
Vemos hombres como Brian Johnson gastando millones para no morir, pero la realidad es que habitamos cuerpos corruptibles que se deterioran irremediablemente en este mundo caído.
Sin embargo, tengo buenas noticias para ustedes: la enfermedad, la vejez y la muerte serán vencidas por Jesucristo en su segunda venida.
La Biblia nos enseña que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios.
Nuestra realidad física actual es incompatible con la gloria eterna; actualmente somos como lámparas de 110 voltios que no soportarían conectarse directamente a la planta eléctrica de la gloria de Dios. Por eso, es necesario que seamos transformados en un abrir y cerrar de ojos cuando suene la final trompeta.
En ese instante, los muertos resucitarán incorruptibles y nosotros recibiremos un cuerpo semejante al de Cristo, uno que nunca más se enfermará ni morirá. Esta victoria es posible porque Cristo resolvió el problema del pecado.
Imaginen que la muerte es un escorpión cuyo aguijón es el pecado. Todos estábamos reportados como deudores en el Banco de la Ley y la paga de esa deuda era la muerte. Pero gracias a Dios, Jesucristo pagó nuestra deuda por completo en la cruz. Ahora, el aguijón ha sido cortado y podemos burlarnos de la muerte preguntando: «¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?».
Por tanto, hermanos míos amados, estad firmes y constantes. No se preocupen por ser los más veloces, sino por caminar en la dirección correcta con pasos constantes en la fe. Servir a Cristo es una oportunidad de oro. Aunque hoy sus obras parezcan de cobre e imperfectas, en la resurrección se valorizarán inmensamente. Nada de lo que hagan por el Señor es en vano; cada esfuerzo por la piedad y cada servicio a los demás será recompensado.
Si aún no eres cristiano, considera que sin Cristo enfrentarás una eternidad de corrupción. Arrepiéntete hoy y cree en Aquel que murió para librarte de la deuda eterna ante la Ley. Y para nosotros, sigamos trabajando con intensidad, porque la trompeta aún no ha sonado y todavía hay mucho fruto que dar para Su gloria. Amén.