Domingo12 de Julio de 2026

Hoy quiero hablarles de algo vital para nuestra supervivencia como iglesia. En la ingeniería existe la mecánica de fracturas, que estudia por qué se rompen las estructuras. Cuando una iglesia se viene abajo y muere, casi siempre es por la misma grieta: la falta de amor.

Al cerrar esta carta a los Corintios, el apóstol Pablo nos deja una tarea clara: la tarea es amarnos. Esta labor comienza por amar a quienes nos ayudan. Pablo nos pone como ejemplo a la familia de Estefanas, quienes fueron los primeros frutos de su región y se dedicaron por completo al servicio de los santos. El liderazgo bíblico no se basa en el dinero o el apellido, sino en el servicio, y por eso debemos sujetarnos y reconocer a quienes trabajan entre nosotros. Reconocerlos no es darles un premio, sino tenerles en alta estima, valorar su esfuerzo, cumplir con las citas de discipulado y prestar atención cuando enseñan.

Pero el amor también se demuestra en lo más sencillo, como el saludo. En el primer siglo, enviar un saludo era una inversión costosa de tiempo y recursos para demostrar que el otro importaba. Hoy, cuando nos negamos el saludo por resentimiento o prejuicio, estamos permitiendo que la grieta se ensanche. El saludo reconoce la dignidad del otro ser humano y es una demostración de respeto que pule las asperezas en la comunidad.

Finalmente, nuestra tarea es vivir amando a Cristo sobre todas las cosas. Pablo usa palabras fuertes al decir que el que no amare al Señor sea anatema, es decir, que quien no ama a Jesús permanece bajo la ira de Dios. El amor a Jesús es la marca esencial del creyente y se manifiesta en tres formas: siguiéndole, obedeciendo sus mandamientos y amando a los demás cristianos. Debemos amar incluso al hermano más difícil, simplemente porque Cristo lo amó y lo trajo a Su iglesia.

Hermanos, la gracia de Jesucristo está con nosotros y Su amor es inalterable. No mejoren para que Jesús los ame; mejoren porque Él ya los ama. Ese amor es el cemento que tapa cualquier grieta en nuestra congregación. Amémonos unos a otros, porque esa es nuestra gran tarea. Maranatha, el Señor viene.

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