Domingo 02 de Agosto de 2026
CÓMO RESISTIR UNA LARGA PRUEBA
Hay pruebas en la vida que nos sacuden con mucha violencia. Puede ser una enfermedad costosa, una depresión profunda, problemas familiares o una crisis económica donde parece que se nos junta todo. Pero la prueba se vuelve especialmente destructiva no por su fuerza, sino por su duración. En 1960, en la ciudad de Valdivia, en Chile, ocurrió un terremoto de 9.5 grados que fue sumamente destructivo porque duró más de ocho minutos. Cuando la prueba es larga y el suelo no deja de temblar, parece que todo se viene abajo.
Es ahí cuando corremos un grave peligro: que nuestros sentimientos nublen nuestra teología. En la teoría nos sabemos las promesas, pero en la práctica se nos olvidan y empezamos a vivir por lo que sentimos. Nos pasa a todos, a nuevos y a maestros de la fe por igual. En el Salmo 13 vemos al rey David pasando por esto en tres momentos: sacudido por el lamento, quebrado en su súplica, pero al final, fortalecido en su confianza.
David repite cuatro veces la misma queja: ¿Hasta cuándo, Señor? Él se sentía abandonado por Dios. Bíblicamente sabemos que Dios es omnisciente y fiel, por lo que nunca nos olvidará, pero así se sentía David por culpa de sus circunstancias. Además, se atormentaba a sí mismo. David dice que ponía consejos en su alma, lo que en Colombia llamamos la pensadera, que es cuando pensar en el problema se convierte en el problema mismo. Buscamos respuestas en nuestro engañoso corazón, siguiendo el consejo de las películas de Disney, en lugar de mirar hacia afuera, hacia el Señor. Y para colmo, David tenía enemigos reales que querían verlo caer.
¿Qué hace David ante este panorama? Pasa del lamento a una súplica urgente clamando: ¡Mira, respóndeme, alumbra mis ojos! Pide vitalidad y vigor porque siente que se muere si Dios no interviene. Pero lo maravilloso ocurre en su corazón. Sin que cambien sus circunstancias exteriores, su interior cambia por completo. David pasa de suspirar a cantar porque decide apoyar todo su peso en la misericordia de Dios. En hebreo, esta palabra es Hesed, que significa amor leal, bondad constante y fidelidad al pacto.
Hermanitos, aunque la enfermedad no se vaya, el negocio no prospere o la tierra se parta en dos, a nosotros siempre nos quedará la misericordia de Dios. Y hoy tenemos una certeza mayor que la de David, porque para nosotros esa misericordia tiene el rostro de Jesucristo. Él experimentó el abandono real en la cruz por nuestros pecados para que nosotros nunca seamos rechazados por el Padre. Por eso, si hoy te sientes lejos de Dios por tus pecados, dile: ¿Hasta cuándo seguiré lejos? Pídele vida a Cristo y arrepiéntete hoy. Y si eres un cristiano que sufre en una larga prueba, no dejes que las emociones dominen tu fe. Ancla tu alma al carácter de Dios y cantemos al Señor con gozo, porque un día la prueba terminará y Su misericordia triunfará. Amén.