Domingo 09 de Agosto de 2026
EL MAESTRO ESTÁ PRESENTE
Cuando yo estaba en octavo grado, tenía un profesor de álgebra llamado Germán Vaquero. Cuando ese hombre entraba por la puerta del salón, todos los alumnos nos poníamos de pie en absoluto silencio porque su sola presencia infundía un respeto tremendo. Si la presencia de un hombre terrenal causaba ese impacto, imagínense el impacto que debe tener en nosotros la presencia de nuestro Maestro, Jesucristo, en su iglesia. Su presencia exige reverencia, respeto, pero también nos debe llenar de un profundo regocijo.
A veces pensamos erradamente que la presencia de Dios es solo una experiencia emocional, un calorcito o llorar durante una oración. Aunque hay momentos dulces de comunión, la presencia de Dios no es algo que se fabrique los domingos con luces, humo o música; es una promesa fiel. En Levítico vemos que Dios dio tantas leyes complicadas a los israelitas porque Él es santo y prometió hacer su morada y habitar en medio de un pueblo pecador. Dios viviendo entre pecadores exige que no vivamos en desobediencia o inmundicia.
En el libro de Apocalipsis vemos a Cristo glorioso caminando en medio de los siete candeleros de oro, que representan a las iglesias. Él no nos gobierna a distancia desde una oficina remota; Él está presente. Él le dice a la iglesia de Éfeso: Yo conozco tus obras, tu arduo trabajo, pero también le reclama: has dejado tu primer amor. Cristo nos conoce de forma íntima, sabe nuestros esfuerzos y conoce perfectamente lo que pasa por la mente y el corazón de cada uno de los que asisten.
Pero la presencia de Cristo no solo trae consuelo, sino también disciplina porque Él es celoso con su iglesia y no deja que el pecado prospere. En Mateo 18 vemos el conducto regular para lidiar con el pecado: primero en privado a solas, luego con testigos y finalmente ante los miembros de la iglesia. Cuando la iglesia aplica esto, actúa con la autoridad y el respaldo de Cristo. Él prometió que donde dos o tres están congregados en su nombre, allí está Él en medio de ellos. Cristo está en medio de nuestras relaciones diarias; si yo tengo un conflicto con un hermano, Cristo está de por medio, por lo que debo tratar a mi prójimo como trataría a Jesús.
Esta maravillosa compañía es para siempre. Cristo prometió estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo para impulsarnos a predicar y hacer discípulos. Y después del fin de este mundo, estaremos con Él en la gloria eterna, en un lugar donde no habrá más noche ni necesidad de sol, porque Dios mismo nos iluminará por los siglos.
Si tú hoy no eres cristiano, no presumas que Dios está contigo solo porque te va bien en la vida o compraste un carro nuevo. Sin Cristo estás alejado y morirás solo, pero hoy puedes arrepentirte y conocer a este Cristo vivo que te ofrece su maravillosa compañía.
Y para nosotros que somos creyentes, vivamos bajo el concepto puritano de Coram Deo, que significa vivir de cara a Dios. Cristo no solo está aquí los domingos; Él vive con nosotros toda la semana, ve lo que buscas en internet, ve lo que ves en Netflix y conoce tus conversaciones en la intimidad. Pero también ve tus luchas silenciosas contra el pecado y cada pequeño sacrificio que haces, y Él te va a recompensar. Seamos reverentes, amémonos de verdad y vivamos conscientes de que el Maestro está presente. Amén.