Domingo 07 de Junio de 2026.
Quiero que se imaginen por un momento la final de la Copa del Mundo, y que justo antes de empezar, se cancela todo: sin copa, sin medallas y sin ninguna recompensa. Sería un sacrificio absurdo y una pérdida de tiempo total para los jugadores. Pues más absurda sería nuestra vida si no hay resurrección de los muertos, porque si los muertos no resucitan, nada de lo que hagamos, ni el esfuerzo, ni el sufrimiento, ni el servicio a Cristo tendría sentido ni recompensa.
Por eso, el mensaje de hoy se titula vivir para resucitar, que significa vivir cada día plenamente conscientes de que nos vamos a levantar de la tumba. La resurrección no es solo algo que pasa después de la muerte, sino que tiene implicaciones prácticas en cómo vivimos mientras estamos en este mundo. Pablo nos da dos razones de por qué esto es así: primero, sin resurrección, ¿para qué nos bautizamos? El bautismo simboliza que somos sepultados pero que salimos de las aguas representando nuestra futura resurrección. Si no vamos a resucitar, el bautismo y la Santa Cena serían solo ceremonias vacías y fantasías religiosas sin valor.
Segundo, sin resurrección, ¿para qué sufrir? El apóstol Pablo vivió al límite, enfrentando peligros, azotes y naufragios casi cada hora de su vida. Él mismo se pregunta qué ganaría con tanto dolor si los muertos no resucitan; si fuera así, lo más lógico sería seguir la filosofía de comamos y bebamos porque mañana moriremos. Pero nosotros sabemos que servir a Cristo no es un desperdicio de tiempo, porque cada lágrima derramada y cada humillación sufrida por Su causa serán recompensadas en la eternidad.
Pero tengan cuidado, porque las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Pablo nos advierte que escuchar falsas doctrinas o rodearnos de quienes ridiculizan la fe termina dañando nuestra costumbre principal: la de obedecer a Dios. No envidien a los que se jactan de su maldad ni sigan contenidos que alimenten el pecado, porque esas palabras hacen mella en el corazón y corrompen la santidad.
Si tú aún no eres cristiano, te digo con amor que, creas o no, vas a resucitar para dar cuentas de tus actos. Por eso, hoy es el día para creer en Cristo, para que Él rompa tus cadenas de pecado y cambie tus costumbres por una vida de obediencia. Y a ti, hermano que estás pasando por adversidades, ten ánimo: tu sufrimiento no es en vano. Muy pronto no recibiremos una copa de metal, sino una corona de gloria incorruptible, porque nuestro Dios es justo y no olvida ni un vaso de agua que hayamos dado en Su nombre. Vivamos hoy apuntando a la eternidad, porque nuestro futuro glorioso es la resurrección. Amén.