Mis hermanos, quiero comenzar recordándoles algo fundamental: Dios no puede improvisar. A diferencia de nosotros, a Él nada lo toma por sorpresa porque todo ha sido planificado desde antes de la fundación del mundo. En ese plan perfecto de redención, hay una pieza clave sin la cual nuestra fe no tendría ningún sentido: la resurrección de Jesucristo.

Hoy, basados en 1 Corintios 15:20-28, quiero que veamos por qué la resurrección es indispensable.

Primero, es necesaria para resolver el desastre que causó el primer Adán. La muerte entró al mundo por un hombre, y era necesario que por un hombre viniera también la resurrección. Cristo es presentado como las primicias, que era la primera parte de la cosecha que garantizaba cómo sería el resto. Su resurrección es la prueba de que nosotros también resucitaremos. Así como heredamos la muerte física de Adán, en Cristo recibiremos una vida real, corporal y glorificada.

Segundo, la resurrección es parte esencial del orden de Dios. El apóstol Pablo nos enseña que hay un cronograma: primero resucitó Cristo, y luego resucitarán los que son de Él en su venida. Actualmente, Cristo ya está reinando y está poniendo a todos sus enemigos bajo sus pies. Él está venciendo a Satanás, al pecado que aún combatimos cada día y a toda autoridad rebelde.

Tercero, la resurrección es indispensable para la victoria final sobre la muerte. La muerte es el enemigo más espantoso que enfrentamos, un carcelero que parece invencible. Sin embargo, la Escritura es clara: el último enemigo en ser destruido será la muerte. Cuando Cristo resucite a los muertos, la muerte misma morirá. Entonces, el Hijo entregará el reino consumado al Padre para que Dios sea todo en todos por la eternidad.

Queridos hermanos, si ustedes ya están en Cristo, siéntanse afortunados y amados. Confíen en el Capitán de su salvación, porque Su plan no puede fracasar. Vivan cada día con el propósito de pulir el espejo de su vida para reflejar la gloria de Dios en todo lo que hagan, desde lo más sencillo hasta lo más complejo.

Pero si todavía estás en Adán, viviendo en tu pecado, entiende que no puedes negociar con Dios. Hoy Jesús te llama con la gracia de un pastor, pero un día vendrá como Juez. Sé inteligente y sométete a Su señorío hoy mismo. No hay tumba que te pueda esconder de Su presencia; mejor es presentarte como Su oveja que como Su enemigo.

Que el Señor nos encuentre viviendo para Su gloria mientras esperamos ese día glorioso de la resurrección. Amén.

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