Domingo 05 de Julio de 2026
¿Cuáles son sus planes para lo que queda de este año o para el año 2050? Muchos organizamos la vida en torno a metas personales, pero si le preguntáramos al apóstol Pablo, su respuesta sería una sola: “Mi plan es servirle a Cristo.”
Hoy, basándonos en 1 Corintios 16:5-14, quiero animarles a que este sea también su norte. Para cumplir este plan, debemos seguir tres principios fundamentales.
Primero, debemos planificar cómo servir. Pablo no improvisaba; él organizaba sus rutas, tiempos y recursos con meses de anticipación. La planificación es clave para el crecimiento espiritual, pero siempre debe estar subordinada a la voluntad de Dios. Decimos “si el Señor lo permite” no por costumbre, sino reconociendo que Él abre y cierra puertas según su providencia. Planear es bueno, pero cuidado con hacer de la planeación un ídolo que te genere ansiedad; recuerda que el corazón del hombre piensa su camino, pero Jehová endereza sus pasos.
En segundo lugar, debemos cooperar con la causa. En el reino de Dios no hay lugar para competencias ni favoritismos. Ya seas un Timoteo tímido o un Apolos elocuente, lo importante es que todos hacemos la obra del Señor. Tener mentalidad de reino es pensar en lo que le conviene a la causa de Cristo antes que a nosotros mismos. Debemos apoyar y cuidar a quienes sirven, reconociendo que ningún ministerio es más importante que otro, pues el único que debe llevarse la gloria es Cristo.
Finalmente, debemos vivir con devoción. Pablo nos da mandatos claros: “Velad, estad firmes, portaos varonilmente y esforzaos.” Pero el motor de todo esto debe ser el amor; todas nuestras cosas deben ser hechas con amor. Hacer las cosas con amor es sinónimo de excelencia y de misericordia. La mediocridad, hermanos, es en realidad una falta de amor hacia Aquel que nos amó primero y nos perdonó tanto.
Mi invitación hoy, especialmente para los jóvenes que creen tener la vida comprada, es que entiendan que el plan más importante es conocer y servir a Cristo. No se queden solo en buenas intenciones; den el primer paso hoy mismo. Que nuestra meta sea servirle, morir y ser olvidados, pero habiendo vivido una vida que realmente valió la pena por causa del Evangelio.
Oremos al Señor: Padre, ponemos nuestros planes en tus manos. Que nuestro mayor propósito sea servirte con devoción, esforzándonos y haciendo todo con amor para tu gloria. Amén.